Khelidon

26 noviembre, 2018

 

Tenía el alma partida

…La luz apagada

Los sueños rotos

Y la almohada mojada

Era un cuerpo sin vida

Una sonrisa dormida

Pero la quise así

Aún en su oscuridad

Pude verla llena de amor

De paz y de libertad

Pude darle mis manos

Y así la hice volar

 

Esta es la historia de Eglantine y Calum… Una historia que nos lleva a entender cómo ven los ojos del amor cuando son capaces de atravesar la superficie y quedarse con la inmensidad de lo que está oculto y profundo, de cómo dejar que las almas se encuentren sin más, de cómo la mezcla de lo delicado con lo robusto resulta la más soberbia imperfección.

Una historia de dos amantes rodeados de deterioro, de decadencia, de un ambiente añejo y vetusto que les regala el perfecto escenario para dejar que el amor se cuele por cada grieta, por cada fisura, convirtiéndolo en el mágico lugar que vio como dos seres transformaron los llantos de soledad en lágrimas de felicidad dejando que el atractivo encanto que desprenden les lleve al embeleso de la seducción y el romanticismo.

 

 

Eglantine era una mujer delicada y llena de luz que sufrió el más terrible de los desengaños por amor, el hombre al que amaba la abandonó cruelmente dejándola en la más absoluta soledad, entonces, se vio sumida en una profunda oscuridad y el tiempo se detuvo para ella en aquel preciso instante en que las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos….

Aquel lugar se fue deteriorando, todo envejecía a su alrededor, la vegetación invadía cada rincón de aquella habitación pero su rostro seguía siendo igual de bello y joven, para ella aún había esperanza, un halo de misterio la cubría por completo, un rayo de luz lo suficientemente fuerte podría devolverle a Eglantine toda su alma soñadora, todas sus ganas de amar y de ser amada, su sonrisa, su ilusión y su fuerza.

 

Calum era un hombre de aventura, visceral y cálido, dedicaba su vida a viajar y enriquecerse de todo aquello que admiraba, pero llegó un día en que decidió volver a su hogar, al lugar donde nació.

A su vuelta le sorprendió lo tenue y oscura que estaba la envejecida ciudad, la sensación de estar en aquel pueblo decrépito le invadió y la curiosidad por saber que había pasado en sus años de ausencia lo llevó a recorrer las calles y visitar aquellos lugares que permanecían en su memoria, mientras caminaba sentía continuamente que había llegado allí por algún motivo y que su viaje tendría un fin increíble.

Sin saber cómo ni porque de repente se vio ante un lugar que desde fuera parecía devorado por las inclemencias del tiempo y la naturaleza, descuidado y errante pero que para el desprendía un ilusorio magnetismo que le impulsó a entrar y poder descubrir que había en su interior.

 

 

Y allí estaba ella, Eglantine, sumida en su profundo desconsuelo, recostada sobre la mesa, vagabunda, desvalida e indefensa…

Calum solo pudo sentir una punzante conmoción, nunca había estado ante un ser tan especial y fue cautivo de su exorbitante delicadeza. Se acercó, le acarició su rojizo cabello anudado en una frondosa trenza, ella lo miró como si lo estuviera esperando y se dejó llevar, la recogió entre sus brazos y la rescató de su desaliento.

Decidieron casarse ese mismo día, habían estado demasiado tiempo separados, allí mismo celebrarían su unión, rodeados de los muros que propiciaron su encuentro.

Eglantine se sentía mejor que nunca, volvía a sonreír y quiso ser la más hermosa de las novias para el hombre que la había librado de la oscuridad.

 

 

Calum la esperaba con deseo y mientras se sentó a escribir todo aquello que le diría mientras se juraban amor eterno:

Calum:

-Convencido de que te encontré sin saber que en verdad me pase la vida buscándote, siento que me has querido sin que supieras que existía y que todo ese amor me ha llevado a ti, tú me soñaste en tu profundo sueño, tú me llamaste en tu doloroso silencio, tú me pensaste sin descanso, deseaste mi presencia, amaste mis manos, guiaste mis pasos y encontré el camino hasta ti, me gusta verte así, brillante, caminar despacio hacia mi después de devolverte el destello a esos ojos que nunca volverán a llorar y que siempre cuidaré sin descanso. –

 

 

Mientras se divertían como niños disfrutando de su reciente vinculo, se sentaron a comer, beber, reír y contarse todo lo que habían hecho años atrás, Calum le relató sus viajes, todo con lo que se había topado a lo largo de esos años alrededor del mundo, de ese modo despertó la mente hambrienta de Eglantine, que tanto tiempo había pasado encerrada.

-Llévame por el mundo, escapémonos juntos, quiero que a partir de hoy mis ojos y los tuyos siempre vean el mismo horizonte.

Y así emprendieron un viaje eterno siendo por siempre inseparables.

 

 

 


CRÉDITOS

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